
El tango nos sorprende por su magia, por su encanto, por su sensualidad, y nos conecta con nuestra cultura y nuestros abuelos. Nos da la posibilidad, también, de expandir en nuestro entorno sus efectos terapéuticos, sensibilizadores, energizantes y, a través del baile, mejorar la calidad de nuestras relaciones humanas.
En la «Avalancha Tanguera» nos juntamos un grupo de personas de diversas procedencias y edades para «darnos permiso» de sentir y trasmitir la magia del tango. Esa magia tiene la virtud de movilizar los sentimientos de la gente que lo practica y por eso involucra emociones muy fuertes. Al haber vivido la experiencia nos surge el deseo, las ganas, casi la necesidad, de compartir esta experiencia con otros y expandirlo en los lugares que frecuentamos.